La cúpula de la CGT se reúne en la histórica sede de Azopardo con la urgencia de definir cómo frenar la reforma laboral que ya asoma en el horizonte del Senado. La reunión del consejo directivo se da en un clima de ebullición interna, donde conviven la cautela de los negociadores y la urgencia de los sectores más combativos que exigen un cese de actividades inmediato.
Mientras el sector liderado por Héctor Daer y Gerardo Martínez apuesta a una "cirugía mayor" del proyecto mediante el diálogo con gobernadores y senadores, el ala de Pablo Moyano y los gremios del transporte presionan por una movilización masiva o un paro nacional para el día del debate.
Para la central obrera, no solo está en juego el régimen laboral, sino su propio rol como actor político. ¿Seguirá siendo un interlocutor en los despachos o volverá a ser el protagonista de la resistencia en la calle?, es el principal interrogante.
En paralelo, la CGT busca disputarle al Gobierno el relato de la realidad económica. Tras la salida de Marco Lavagna del Indec, la central lanzará su propio índice de inflación. "Los datos oficiales ya no generan confianza", advirtió el cosecretario Cristian Jerónimo, quien calificó la reforma como una iniciativa redactada "maliciosamente" para desproteger al trabajador.